1.- La Tipicidad. El delito como acción típica.

La tipicidad sería el primero de los elementos que sirven para caracterizar a la acción como delito. De acuerdo con el Derecho vigente, sólo podrá calificarse como delito aquella acción que se corresponda con uno de los tipos que, de forma exhaustiva, se encuentran dispuestos en la parte especial del Derecho penal, esto es, cuando se trate de una acción típica. Esta circunstancia debía llevar a reconocer que la tipicidad, en tanto que característica de la acción, es un elemento conceptual del delito. Lo anterior no comportaba una confusión entre el concepto general de delito y el concreto concepto de cada una de las distintas clases de delitos en particular, pues como Beling se encargó de poner de relieve el concepto general de delito no requiere que se realice un tipo determinado, sino que la acción pueda subsumirse en algún tipo, con independencia de cuál sea éste. En este sentido, enlazando con la función metodológica y el significado valorativo que Beling atribuía al tipo, este autor afirma que “el tipo es un concepto puro sin un significado autónomo. En relación con él la acción antijurídica y culpable deviene delito”.
En la teoría del delito que Beling propuso, la tipicidad cumplía la función de delimitar el contenido de la acción, de modo que quedaran excluidas del concepto de delito las acciones sin contenido típico y aquél se pudiera desarrollar partiendo de la consideración de la acción como “hecho”. “Mediante los tipos las acciones se visten por primera vez con colores y, a partir de entonces, se dividen en acciones de homicidio, acciones de daños, etc…”. Al tratarse de elementos que determinan el significado de la acción, resulta perfectamente coherente la ubicación sistemática en la teoría de la tipicidad que aquel autor propuso para las teorías del resultado, de la causalidad, del objeto del hecho, y del contenido de los delitos de omisión. En efecto, la introducción de la tipicidad en la definición de delito permite reunir en ella a todos los elementos que caracterizan y otorgan relevancia penal a la acción. Pero aquí se agota su significado, pues como veremos Beling distinguía muy claramente entre la caracterización penal de la acción que realiza la ley penal, y la valoración de aquélla en el sentido de su conformidad o disconformidad con las exigencias del Ordenamiento jurídico. Esto último ya no afecta (directamente) a la tipicidad, sino a la antijuricidad de la conducta. El tipo fija el contenido penalmente relevante de la acción, pero sólo con posterioridad corresponde analizar si la acción típica es contraria al Ordenamiento jurídico, y si se da la necesaria correspondencia entre los elementos objetivos y los elementos subjetivos del delito. En relación con esta cuestión, de acuerdo con el significado garantístico que Beling atribuye a la exigencia de que, formalmente, la conducta delictiva sea una acción típica, este autor señala que la consideración de la tipicidad como un elemento conceptual del delito permite explicar la razón por la que la mera revelación o exteriorización del propósito o dolo delictivo no constituye delito por sí sola: esto es así porque normalmente la sola exteriorización del dolo no es una acción típica. Y también permite explicar la esencia del denominado injusto punible frente al “injusto civil”: el injusto no penal es todo aquel que no está tipificado, mientras que el injusto punible es el que se ha vertido en los tipos.

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