CARA DE COCODRILO

CARA DE COCODRILO

José Luís Vegas

CARA DE COCODRILO
Los cocodrilos no expresan sus sentimientos, por ello nunca se sabe si están bien o están mal, jamás podemos tener la certeza acerca de cómo se siente un cocodrilo con solo verle, pues al ser inexpresivos nos limitan al tratar de emitir una opinión.
El rostro humano posee cuarenta y tres músculos, estos nos permiten realizar los gestos que consideramos necesarios según sea el momento que estemos viviendo, es decir, si estamos tristes, alegres, enfadados, si sentimos miedo, asco o si experimentamos alguna sorpresa. Nuestra cara, de manera involuntaria le hará saber a las personas a nuestro alrededor cuales son los sentimientos que albergamos en ese instante.
Existen personas que no pueden esconder lo que piensan porque su cara lo dice todo, y por supuesto eso indicará que tan bien o que tan mal les está yendo en dicho lugar o cual es el nivel de aceptación que le tienen a la persona que conversa con ellos o que tanto les interesa el tema que se está tratando.
Es incontrovertible reconocer hoy que el cuerpo humano se expresa por si mismo, que existe un lenguaje corporal, una comunicación no verbal o un comportamiento no verbal, que “habla” por nosotros. Que al igual que la palabra hablada, el cuerpo, y en especial el rostro, transmite un mensaje acerca de cómo está nuestro estado de ánimo, y ese mensaje lo podemos transmitir en un abrir y cerrar de ojos y de manera involuntaria además. Esto lo podemos realizar a través de las expresiones faciales, los gestos, o los movimientos del cuerpo.
Muchas personas consideran que esto del lenguaje corporal, de las expresiones faciales, de las posturas y sus significados, son modismos o inventos de las personas que capacitan a otros de cara a su participación como abogado en un juicio oral. Es necesario acotar que dicho comentario, está muy alejado de la realidad, pues, ya en 1872, el célebre naturalista británico Charles Darwin, publicó un libro llamado “La expresión de las emociones en el hombre y los animales”. En dicho texto Darwin señalaba “…Los jóvenes y los adultos de razas muy distintas, tanto humanos como animales, expresan similares estados mentales con los mismos movimientos”.
Ahora bien, en audiencias, sobre todo en el juicio oral, el abogado litigante no debe estar haciendo ningún gesto, no debe evidenciarse como se está sintiendo. Por el contrario, debe tratar de permanecer estático, concentrado, pendiente de su trabajo, lo más imperturbable posible; incluso cuando algún testigo se encuentre declarando algo que perjudica su teoría del caso o cuando estén dictando un fallo en su contra. El derecho se ejerce con el derecho.
Tampoco se debe hacer ningún gesto que haga evidenciar cuando nuestra causa va bien, cuando nuestro testigo está siendo demoledor en su deposición, o cuando el perito que propusimos ha echado por tierra todos los supuestos que antes de su deposición en juicio pudieron haber sido tomados en cuenta tanto por el tribunal de juicio, como por nuestra contraparte.
Hay que tratar de hacerle ver a los jueces que nada está sucediendo, que nada nos está perturbando o que no se tiene nada que celebrar; e incluso algunas veces se debe hacer creer que la contraparte tiene el control, (eso hará que pueda bajar sus defensas por sentirse confiado y dominando el caso).
Los gestos tanto faciales como corporales, deben ser reducidos a su mínima expresión, en principio, porque si por casualidad nos está resultando algo mal con algún testigo (que no debería pues se supone que lo preparamos), el juez o el tribunal, no evidenciará nuestra molestia, nuestra preocupación o nuestro desagrado por la manera en que se está comportando el testigo. Ahora bien, si la persona que estamos interrogando lo está haciendo bien o el contrainterrogatorio está cumpliendo su función de desacreditar al testigo, o desacreditar el testimonio del testigo, el ritmo que le impongamos al realizarlo “hablará” por nosotros y eso lo tomará en cuenta quien a la postre va a decidir.
Las audiencias se defienden con vehemencia, con pasión, con frenesí; pero siempre cuidándonos de no transmitir algún gesto o alguna expresión que pueda evidenciarle al juzgador como nos estamos sintiendo, hay que tratar de ser lo más profesional posible. Incluso, no debemos mostrar alegría cuando nos declaren con lugar las objeciones que efectuamos a quien está interrogando o contrainterrogando; así como tampoco debemos dejar entrever como nos sentimos cuando -lastimosamente para nosotros-, el juez o tribunal nos declara sin lugar la objeción planteada.
Pudiera usted preguntarse: ¿Bueno y yo qué gano con esto?¿Qué obtengo con no mostrar mis emociones? Permítame decirle que en un primer momento se ganará usted el respeto del juez o del tribunal, y luego obtendrá la consideración de sus iguales, de sus colegas abogados; los cuales le reconocerán como una persona respetuosa, que aun cuando está obteniendo una ventaja resplandeciente en la sala de audiencias, sabe manejar sus emociones y no se mofa del vencido.
En síntesis, no hay nada que delate más al ser humano acerca de cuál es su estado de ánimo que su rostro, que sus gestos, que su expresión facial; por ello, por el respeto a los del gremio y para evitar enviar un mensaje al tribunal pudiendo pensar que nos burlamos de la contraparte o de que un testigo nos ha hecho mucho daño a nuestra teoría del caso, lo ideal -salvo cuando estemos interpretando un alegato- es mantener, la “Cara de Cocodrilo”

José Luís Vegas.
Profesor Universitario
Experto en técnicas de litigación oral

Sobre el autor

José Luís Vegas administrator

Ex-asesor Jurídico del Magistrado Presidente del Circuito Judicial Penal Militar. Corte Marcial, Caracas. Abogado Mención Magna Cum Laude. Especialista en Ciencias Penales y Criminológicas. Especialista en Ejercicio de la Función Fiscal Mención Honorífica Suma Cum Laude. Egresado del Programa de Formación Para el Ingreso a la carrera Fiscal ( Escuela Nacional de Fiscales del MP). Investigador y Conferencista. Litigante. Consultor Penal. Docente pre y postgrado. Telfs.: +58 (0412)973.30.05/(0414)320.11.86 roger@actualidadpenal.net

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